Hablar de epidemia en Cuba es un eufemismo. En la isla no hay una epidemia, hay un sindemia de arbovirosis en la que concurren y se potencian de forma simultánea nueve virus diferentes (entre ellos dengue, zika y chikungunya), junto con enfermedades diarreicas y hepatitis. Al menos un 30% de la población (unos 2,9 millones de cubanos de una población total de 9,7 millones) ha enfermado desde que en julio de 2025 las autoridades sanitarias reconocieran la crisis epidemiológica, dejando a buena parte de los afectados en un estado prolongado de invalidez. “Aquí nadie está derecho, esto te entumece los dedos, los tobillos, las rodillas… Somos un ejército de zombies”, declaró Mercedes Interian de La Habana a El País. Aunque en diciembre de 2025 el Estado sólo reconoció 47 defunciones, en realidad estaríamos hablando de unos 8.700 fallecidos (aplicando una tasa de letalidad moderada del 0,003%x2,9 millones = 8.700 fallecidos).
Esta sindemia no es un caso aislado. Es la manifestación más viva de un colapso sistémico general. La infraestructura de hospitales y centros de salud se encuentra en un estado de total abandono, y su personal carece de insumos médicos básicos. De los 395 fármacos que la empresa BioCubaFarma debía suministrar al Sistema Nacional de Salud, 255 estaban en falta. Durante la última década, el área de salud pública y asistencia social apenas ha recibido un 2% de las inversiones nacionales. Los datos relativos al personal facultativo también son alarmantes. Entre 2021 y 2024, el sistema sanitario perdió 30.767 médicos de familia que han emigrado o cambiado de profesión como consecuencia de las bajas remuneraciones, la elevada presión asistencial y la escasez de recursos. La disponibilidad de camas se ha reducido de forma drástica: entre 2019 y 2024 se perdieron 7.144 camas.
La sindemia de arbovirosis también se ha visto potenciada por un entorno con profundas deficiencias estructurales. Según el Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana, en la urbe se acumulan diariamente algo más 7.600m3 de basura en espacios cercanos a las viviendas y centros de uso público. Los charcos de agua estancada, además, actúan como auténticos criaderos de mosquitos que contagian con suma facilidad a una población depauperada. Sólo el 15% de la población logra garantizar tres comidas diarias, mientras el resto reduce raciones, elimina proteínas o depende de remesas y ayudas externas. El estrés causado por los sucesivos apagones también incide directamente en el sistema inmunitario de la población cubana. La isla tampoco cuenta con el combustible necesario para la fumigación, escasean los insecticidas y la falta de agua impide condiciones mínimas de higiene.
Desde la Asociación INTEGRA, convocamos a la donación de medicamentos (no líquidos) sin caducidad cercana, como analgésicos, antibióticos, antiinflamatorios, antihistamínicos, complejos vitamínicos o medicamentos para la presión arterial o la diabetes, así como insumos sanitarios, como gasas, vendas, esparadrapos, guantes de látex, etc. Ayúdanos a crear una red de puntos de recogida y envíos de medicamentos con los que tratar de mitigar los efectos dejados por el colapso del sistema sanitario cubano.
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